Una sociedad que condiciona el ejercicio de derechos básicos al uso obligatorio de un teléfono celular no es moderna; es profundamente excluyente. Es una sociedad que ha decidido de facto, prescindir de sus mayores.
En pleno 2026, la vida se ha reducido a una aplicación, un código o un portal web. Quienes construyeron Chile con esfuerzo y responsabilidad, hoy son tratados como analfabetos en su propia casa. Cuando un adulto mayor depende de terceros —si es que cuenta con ellos— para pedir una hora médica, pagar una cuenta o coordinar una reunión inmobiliaria el sistema ha fracasado. No hay innovación ni progreso en la exclusión; solo hay un egoísmo que nos degrada.
Es urgente cuestionar un "modernismo" que, al dejar atrás a quienes nos precedieron, ignora la sabiduría y las virtudes humanas esenciales. Si la tecnología, en lugar de servirnos, nos desconecta de nuestra base social y familiar, estamos hipotecando el sentido real de nuestra convivencia.
Gonzalo Chaparro Kruuse
www.tasaciondepropiedades.com
Escribir comentario